El techo no tiene tragaluces pero por el poco mantenimiento dado al mismo, hay unos agujeros que la cámara captó. La verdad que eso fue lo que me llamó la atención primero, los huecos en el techo. Pero es que en Lima no llueve llovizna y la llovizna se mete en los pulmones, la humedad corroe los ladrillos, el cemento. Pone los zapatos verdes si los dejas en un closet por mucho tiempo y las biblias se confunden con engrudo después de ser abandonadas por un par de temporadas.
Extraño de todos modos este ambiente caótico y poco saludable, crecí con eso y mi alma se alimentó con esas imágenes y olores. Añoraba irme lejos y me fui, creo que algo dentro de mi quería saber lo que es sentir el ayer e idealizarlo para luego poder gritar desenfrenadamente el día que decida regresar aunque nunca vaya a regresar.
La casa del techo roto, la pared azul, el carro amarillo, significan nada si no estan en Lima...
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