La casa que se cae a pedazos, sin su gente y con su pena vive. Esta sola en la calle de la pared azul y el carro amarillo donde los gorriones no vuelan pues es invierno y la garua cae sin piedad. La casa con su descaro tiene cara y la muestra en su balcón.
Ahora es tiempo de jugar con las palabras para no decir nada o decir algo sin valor ni sustento, el alma no tiene luz propia cuando entra en esa casa pero se deleita así como un niño encuentra placer en correr tras una pelota.
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