Los techos son otro cantar, viendo los techos puede uno apreciar la realidad, no lo que se trata de enseñar sino lo que sucede en el alma de la persona. Los techos están llenos de basura, nadie pasa con una escoba y un tarro por allí y parece que nadie quiere limpiar la cara de los techos esta abierta, sin flores ni maquillaje alguno.
Son los techos la fachada que miramos los caminantes de otro lugar, porque como los pájaros, estamos haciendo escala migratoria para llenar las fuerzas, el alma y el paladar.
Lima sabe a azufre, aun así la extraño.
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