
El cielo nublado y la falta de sol no son extraños a Lima, el verano es corto para el tiempo que pasa la bóveda celeste oscura. Recuerdo los días húmedos, la garua sigue cayendo y no so convierte en lluvia. Si lloviera es posible que las calles llenas de hollín y los arboles que fueron verdes en algún momento pero ahora están cargados de brea volante, fueran verdes siempre.
Ver un arco iris no era imposible pero no era algo que pasaba a menudo. Los colores del Tawantinsuyo en donde yo vivía no se veían así nomas.
Me gustaría estar en la pastelería sueca tomando un café y comiéndome una bomba rellena con manjar blanco, ahhh.
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